Varios
Este es el texto del discurso del Sr. Presidente del CECE, José Daniel Cayetano Medina en el acto con motivo del 60º Aniversario de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNT, realizado en el Aula Magna de la misma, y que contó con la presencia de las principales autoridades de nuestra Universidad.
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DISCURSO DEL PRESIDENTE DEL CECE EN EL ACTO POR EL 60º ANIVERSARIO DE LA FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS
Señor Rector
Señora Vicerrectora
Señor Decano
Señor Vicedecano
Autoridades presentes
Señores Profesores
Señores No-docentes
Estimados compañeros estudiantes
Señoras y señores
I.
Dirigirles unas palabras en esta ceremonia es una gran responsabilidad pero principalmente un gran honor. Intentaré expresarles brevemente mis opiniones y sentimientos, como los de todos mis compañeros, en referencia a un aniversario tan importante para nuestra Casa.
Cuando Juan B. Terán presentó el proyecto de creación de la Universidad de Tucumán en la Legislatura Provincial, lo hizo pensando en un horizonte regional, asignándole un carácter de universidad comprometida con el desarrollo, atenta a las nuevas ciencias y abierta al mundo. Sus palabras fueron: “como de toda fundación intelectual, la apertura de la casa es el punto de partida de una evolución indefinida”. Y en el marco de esta deseada evolución, es que hace 60 años nació nuestra querida Facultad de Ciencias Económicas.
En este aniversario quisiera tomarme el atrevimiento de volcar algunas ideas sobre la Universidad en general, y sobre nuestra Facultad en particular, ideas que he recogido a través de lo compartido con mis compañeros y del intenso vivir de cada día en esta Casa, y que con el tiempo fui adoptando como propias.
Hoy vemos que la Facultad de Ciencias Económicas, a pesar de todos los contratiempos, y muchas veces a contramano del estancamiento de nuestra provincia, sigue siendo líder en la creación y transmisión del saber, inserción en el medio y formación de recursos humanos de alto nivel, pilares para el desarrollo de la región. Nuestra Casa supo mantener su rol protagónico en virtud de su loable función social, tanto es así que desde el retorno de la democracia dio tres rectores a nuestra universidad.
La nuestra es una comunidad trabajadora. La inmensa mayoría de los docentes, no-docentes y estudiantes cumplen realmente con sus respectivos deberes de enseñar, trabajar y estudiar. En nuestra Facultad las clases se imparten, los exámenes se toman, el calendario académico se cumple, las oficinas están abiertas, las instalaciones son, sino óptimas, muy aceptables teniendo en cuenta el magro presupuesto universitario.
Hemos logrado también convertirnos en una comunidad que aprendió a canalizar, casi siempre por vías pacíficas, los pedidos y reivindicaciones sectoriales. No estamos acostumbrados a las huelgas ni a las tomas. Las sucesivas autoridades (Decanos, Secretarios y Consejos Directivos), normalmente se mostraron abiertas al diálogo para encontrar el camino para resolver los distintos problemas y en pos de llevar nuestra Facultad adelante.
II.
En cuanto la Universidad, creo sin dudas que es su función principal la enseñanza, y en ese marco, es que las altas casas de estudios deben convertirse en uno de los factores principales de transformación social, política y cultural de la nación.
Una buena academia se ocupa del conocimiento, de su producción, difusión y aplicación, de formar profesionales cuya inserción en el ámbito laboral sea reconocida, pero una academia se transforma en excelente si tiene la capacidad de incorporar y formar jóvenes en condiciones de inferioridad por su entorno económico y social, proporcionándoles un conjunto de saberes y formas de pensar que no hubieran podido adquirir en su medio y convirtiéndolos en promotores de la mejora de su comunidad.
Aquí es cuando esta función de transformar comienza a ser realidad.
Pero, estos objetivos son impensables sin una universidad pública de excelencia, gratuita para garantizar igualdad de oportunidades, cogobernada, solidaria, democrática, participativa, que se encuentre estrechamente vinculada con la sociedad para estar atenta a las necesidades del entorno social y para ponerse a su servicio.
Es innegable que hoy, la mercantilización del conocimiento y privatización de la enseñanza es un proceso de la realidad que se está implantando en todo el mundo, lo cual tiene como consecuencia un fuerte impacto social, generando desigualdades aún mayores, y un impacto ético, ya que quienes conciben la educación como un mero servicio no tienen un mayor interés por producir conocimiento crítico.
Por esto es que digo que, tanto estudiantes, como docentes, no-docentes, graduados, autoridades, y todos los que integramos esta comunidad universitaria, debemos unir esfuerzos en pos de una universidad abierta y pluralista, que sea sostén de la democracia, pilar de nuestra identidad cultural, y formadora de una ciudadanía crítica.
III.
En cuanto a nosotros los estudiantes, debemos conocer nuestros derechos como y velar por ellos, pero también debemos conocer nuestras obligaciones. Obligaciones de devolver a la sociedad la inmensa posibilidad que nos otorga de formarnos científica y humanamente a través de la universidad pública. Y que mejor forma de devolver esto que haciendo propia la cultura del esfuerzo, el compromiso, la dedicación y la solidaridad.
En una sociedad donde prima el “sálvese quien pueda” y el “éxito inmediato”, donde las verdades son las impuestas por los gobiernos de turno, donde lo que importa es lo se hace creer que se vende y no la realidad, es cuando más debemos tener presente que:
“sin sacrificio no hay triunfo”.
Esta debe ser la frase que debemos llevar presente en cada acto de nuestra vida, acompañando siempre nuestras acciones de una actitud ética digna de una persona de bien.
VI.
No puedo terminar mi discurso sin mencionar algunos proyectos que los estudiantes anhelamos para nuestra Facultad. No quiero hablar de proyectos faraónicos ni revolucionarios, sino de proyectos realizables, siempre y cuando haya audacia y decisión política de llevarlas a cabo.
Me refiero concretamente a una reforma pedagógica integral. Recordemos que la última reforma curricular sustancial se hizo en 1983, o sea hace veinticuatro años. ¡Cuánto ha cambiado el mundo en este lapso! La ciencia, el conocimiento, la tecnología y las comunicaciones han avanzado a pasos agigantados. Han surgido nuevas preocupaciones sobre problemas que van a condicionar el futuro de toda la Humanidad, como los referidos al ambiente. El escenario geopolítico mundial ya no es el mismo que aquel de la Guerra Fría.
Como pequeños eslabones de esa reforma pedagógica menciono algunas cosas que la Facultad se debe, o que se encuentran en una etapa inicial: nuevas tecnologías aplicadas a la enseñanza, evaluación sistemática del desempeño docente por parte de los estudiantes, diversificación n de la oferta de carreras de grado, creación de títulos intermedios o de pre-grado, etc.
Párrafo aparte deseo hacer para la creación de cátedras paralelas. Ese viejo postulado reformista es desconocido en nuestra Facultad, pero no es tan extraño en otras unidades académicas de la UNT, como las Facultades de Arquitectura, Derecho o Medicina. Con ello lograremos que estén presentes todas las corrientes del pensamiento y las tendencias de carácter científico y social, sin censuras ni prejuicios de ningún tipo. Se podría empezar creando cátedras paralelas para las materias con más alumnos del ciclo básico y aquellas materias de tratan sobre los campos más habituales de desempeño profesional.
Por último creo no debemos pasar por alto el grave problema de la deserción estudiantil que sufre la Universidad argentina. La Universidad pública, como último nivel del sistema educativo, está obligada a buscar los medios para contener y apoyar a los miles de jóvenes que cada año abandonan sus estudios por diversos motivos (económicos, vocacionales, de falta de preparación, familiares, etc.). Sin duda este tema merece estudio y discusión, pero estamos convencidos que el examen de ingreso no es la solución, sino una medida facilista y superficial a un problema de fondo. Quiero destacar positivamente el esfuerzo de la Facultad en busca de dar algún paliativo a este problema, con la reciente instauración de un curso de ambientación no eliminatorio.
Nuestra Facultad tiene una gran historia, el futuro que le espera es muy promisorio si entre todos ponemos lo mejor de nosotros.
“Empujemos los límites de la realidad hasta lo imposible se vuelva posible, lo sorprendente cotidiano, y lo mediocre intolerable”.
MUCHAS GRACIAS
José Daniel Cayetano Medina
Presidente del CECE
FACE - UNT
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